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Se calienta el mercado de las app de transporte en Latinoamérica

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Didi Chuxing anunció que comenzará operaciones en este país prontamente. Esta plataforma es el mayor competidor de Uber.
Érase una vez la dominancia de Uber en el espectro de las aplicaciones de transporte, un tiempo en el que la compañía, aunque con competencia local en diferentes mercados, despuntaba como la reina absoluta de un segmento tan lucrativo como complejo. Esos días hoy parecen lejanos, de cierta forma, porque ya no hay dominancia simple, sino una competencia codo a codo por cada usuario en prácticamente cualquier parte del planeta, incluyendo Latinoamérica.

La compañía china Didi Chuxing, el mayor competidor global de Uber, anunció que entrará al mercado mexicano prontamente. De acuerdo con un reporte de la agencia Reuters, la empresa comenzará a operar en Toluca, en el estado de México.
Didi es, de lejos, la mayor piedra en el zapato para Uber. En agosto de 2016, la compañía norteamericana, liderada en ese momento por Travis Kalanick, aceptó vender sus operaciones a su competidor chino luego de una larga batalla por la dominación de uno de los mercados más importantes en temas de movilidad en el planeta.
Lo que emergió de esta operación fue una nueva compañía y una suerte de alianza entre los dos competidores; los accionistas de Uber, por ejemplo, tienen 20 % de participación en la nueva empresa, que para el momento de la compra contaba con una valoración de US$35.000 millones.
Pero la llegada de Didi a Latinoamérica no es, bajo ningún aspecto, una alianza, sino un reto directo en uno de los mercados claves para Uber en la región y, de paso, en el mundo: en México, la app norteamericana tiene unos siete millones de usuarios, está presente en más de 30 ciudades y representa casi 90 % del mercado (la tasa más alta en Latinoamérica, por cierto).
Didi anunció su entrada a México través de un sitio web con el que busca reclutar conductores y usuarios para, de acuerdo con Reuters, arrancar a operar en abril. La compañía asegura que no cobrará comisión sobre cada servicio hasta mediados de junio. Cuando entre a hacerlo, será de 20 %, lo que representa 5 % menos que su competidor norteamericano.
Asia ha probado ser una región problemática para el negocio de Uber, en donde debió ceder su posición tanto en China, como en varios países del sudeste asiático. A finales de marzo de este año, Grab (una aplicación de movilidad con sede en Singapur) anunció que comprará la operación de Uber en Camboya, Indonesia, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. A cambio de esto, Uber tendrá 27,5 % de la participación en Grab y Dara Khosrowshahi, CEO de la aplicación norteamericana, obtendrá un puesto en la junta directiva de esta compañía.

Esta es la primera vez que Didi Chuxing establece operaciones por fuera de China, su mercado central, aunque sería la segunda en la que establece relaciones de negocios en Latinoamérica: en enero de este año anunció que comprará la operación de 99, una app de movilidad en Brasil. Aunque no se conocen los términos oficiales de ese acuerdo, se estima que la transacción puede estar alrededor de los US$600 millones.
Brasil es otro de los mercados claves para las aplicaciones de transporte, en especial para Uber. São Paulo y Río de Janeiro son, tal vez, las ciudades más activas para la plataforma a nivel global. Según datos revelados por Khosrowshahi (quien reemplazó a Kalanick luego de los escándalos laborales que emergieron en la empresa), sólo en Brasil la compañía realizó más de 500 millones de viajes en los últimos siete meses.
A finales del mes pasado, Michel Temer, presidente brasileño, aprobó una ley que regula el uso de las aplicaciones de transporte en este país. La iniciativa recibió el visto final del Congreso de Brasil a principios de marzo de este año y fue elogiada en su momento por Cabify, por ejemplo, al decir que era una iniciativa equilibrada y que ponía al país a la vanguardia de la regulación de este tema.
El gobierno de la Ciudad de México fue el primero en regular el uso de aplicaciones como Uber en Latinoamérica con una iniciativa aprobada en julio de 2015 que, entre otras cosas, estableció valores mínimos para los vehículos operados por las aplicaciones, además de un cargo por operación que debe ser pagado a la ciudad y asumido por las empresas (no los usuarios ni los conductores).
En Colombia, el marco regulatorio sigue considerando a Uber y otras aplicaciones como ilegales, aunque muchas continúan operando. Las autoridades produjeron un decreto en 2015, reglamentado en 2016, que creaba una nueva categoría de servicio de lujo para, supuestamente, solucionar este vacío legal. Las dos normas han sido ampliamente criticadas por varios sectores porque, en esencia, no solucionan ninguna de las tensiones existentes entre las nuevas modalidades de transporte y los taxis o los vehículos de placa blanca. La Superintendencia de Transporte informó hace una semana que en los últimos tres años ha impuesto multas a estas plataformas por más de $3.300 millones.
Las jugadas de Didi en Latinoamérica ciertamente aprovechan los cambios regulatorios para competir mejor, sin el desgaste institucional y financiero de tener que negociar con legisladores y autoridades locales. Como lo puso un usuario de Reddit: “Uber se enfrasca en las peleas legales y después llegan los otros a trabajar, pero con menos abogados”.
La llegada de Didi a México pone a esta ciudad como el frente de batalla en una de las rivalidades corporativas más interesantes de la actualidad, así como también podría comenzar a definir el futuro de las dos empresas privadas con capital de riesgo más valorizadas en el mundo (escalafón liderado por Uber).

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